LOS VEULINES,,,CAPÍTULO SEGUNDO

 
 
                                 Don Pablo,el facultativo,debía tener unos treinta años,de estatura algo más que regular
                   y color blanco descolorido.En medio del unísono quejido,reposó su mirada distraida en las
                   moradas uñas del moribundo.
                   Pasando sobre unos y otros se deslizó hacia el exterior donde se sentó en los escalones arrugándose,
                   doblándose y con-trayéndose varias veces.
                   Don Pascual López  que le miraba desde el ayuntamiento,le vio hundir la cabeza entre los brazos
                   mientras su cuerpo se movía ahora más lentamente,como un péndulo .
                   Le observó pausadamente y después se decidió a sellar el sudado y corregido escrito pidiendo otro
                   facultativo.
 
                   El amo tenía fama de hombre versátil.Como en una ceremonia invariable,cuando fumaba,
                   se desabotonaba la chaquetilla y,antes que decidiera prohibirlo,liaba pacientemente el tabaco y
                   seguía la trayectoria del humo  en su intersección con los rayos luminosos.
                   La escasa luz que lograba filtrarse través de las maderas,proyectaban un haz en el suelo que atraía
                   a las amas.Se dilataban sus pupilas en la oscuridad en un intento de adivinar cuanto les rodeaba.
                   A veces miraban y parecían dedicarse a vigilar el movimiento.
                 
                   Sólo dos hombres permanecían en el caserío.
                   El uno respondía por Juan,era alto,vestía con pantalón de pana verde y chaleco de terciopelo.
                   El segundo era de unos cincuenta años,alto,cara larga,color trigueño,vestía con calzoncillos blancos.
 
                   Los dos hombres recorrían el caserío y realizaban las labores de almacenaje y distribución de víveres.
                   Observaban éstos que los amos e invitados,reunidos,muy rara vez abandonaban la casa,alargando
                   el tiempo de marchar a sus habitaciones hasta la madrugada.
 
                   A veces durante el día la atmósfera en las habitaciones se condensaba.Los dos hombres,a empellones
                   se dirigían hacia la puerta,uno u otro la abría y los bultos,distribuidos en la penumbra,se estremecían.
                   Entonces el criado encendía las velas y los bultos esperaban ávidamente el momento en que se
                   retiraban para apresurarse a la comida.
 
                   Con el sordo sonido de los carros que transportaban a los cadáveres y el llanto de las familias.Don
                   Pascual López ,sentado en el despacho,releía el informe fechado a veinte de Agosto de mil ocho-   
                   cientos cincuenta y cinco,firmado por el gobernador provincial.       
                     
 
             
                  

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